Lo que quise decir
Hablo de cómo la realidad se transforma según lo que llevamos dentro, mezclando conceptos antiguos con la dureza de la calle. La verdadera salida de la oscuridad no viene de discursos fáciles, sino de la voluntad de reparar lo roto con actos sinceros.
La escribí en junio de 2025.
Letra
¿Quieres física cuántica, tío?
Aquí tienes el libro abierto.
No es ciencia de libro gordo ni magia de palo,
es cabala de calle, de tripa, de saliva.
Es el maché bajando al fango con la semilla sucia
y la mente encendida.
No es Hollywood, ni misticismo cutre,
es colapso de onda y colapso de vida.
Es saber que la realidad se pliega
cuando el cabrón que observa tiene intención divina.
He visto partículas follando en el vacío,
superposiciones como mis ganas y mis miedos.
Almas entrelazadas más allá del puto tiempo,
universos paralelos donde aún no me he destruido.
Pero aquí, en esta esquina de carne y rabia,
elijo la cuerda floja y el vértigo del amor.
Mientras los nueve mil justos giran el zojar en la trastienda
y rezan por la puta redención de este vertedero cósmico.
El campo cuántico no es una estafa de coach
ni el mantra de tu tía la vegana.
Es la vibración que te atraviesa si eres dador,
no mendigua espiritual ni coleccionista de karma.
Es mirar la materia y saber que no existe,
que todo es información, código de luz y mugre.
Que la conciencia es el puto motor,
el dios escondido en tu úlcera, el pulso que lo sostiene todo.
El más ya y no viene a salvarte.
Viene a ponerte un espejo y decirte:
«Ves esa basura, esa eres tú,
ves esa luz también».
Ahora elige, cabrón,
sigues colapsando el campo con tu vibración de rata
o lo transmutas y la levas como si tu vida dependiera de ello.
No hay destino escrito, hay posibilidades infinitas.
Cada acto de bondad abre una línea,
cada mezquindad, una grieta en la vasija.
Aquí no hay profecía, Disney ni ángeles, gilipollas.
Hay agujeros de contracción, Eka Bimsel, Zimzum.
Fisuras en el alma colectiva que solo se curan
con amor gratuito,
con la unidad de los malditos, no de los puros de escaparate.
El Zohar 24, el puto club de las almas despiertas
que recitan nombres de de ellos en la boca del lobo,
creando una onda de choque que reprograma la matriz.
La realidad como plasticina en manos de un lun lúcido
que sabe que el bastón no es de madera sino de deseo sublimado
y que la semilla se convierte en luz solo si no la malgastas en el retrete del ego.
No hay milagros para flojos ni redención para zombies.
El más ya y se masturba pensando en la humanidad entera
y cada gota que no derrama es una letra encendida,
cada unión un salto cuántico en la mugre de Malhut.
La maldad es un colapso de conciencia,
un olvido de la fuente,
un error de sincronía que se puede resetear con una sola palabra de amor,
si sale de la entraña y no de la puta agenda del influencer de turno.
Aquí el verdadero salto cuántico es dejar de mirarse el ombligo,
es hacerse emisario de luz en la sombra.
Es entender que el universo responde a lo que emites,
no a lo que rezas, ni a lo que finges.
Y que la resonancia de nueve mil locos conscientes
puede cambiar el puto tejido de la realidad.
La redención no es un cuento para críos,
es la operación a corazón abierto de la existencia.
Es transformar el semen en letra, el deseo en compasión,
el bastón en canal, la oscuridad en el salto brutal hacia lo imposible.
Así que recita nombres, estudia zojar, ama sin medida.
Hazte bastón, hazte campo, hazte colapso.
Y cuando la mierda te salpique, recuerda:
La física cuántica está de tu parte,
si tu parte es la parte de todos.
Somos los nueve mil hijos de puta,
los que no duermen, los que resisten, los que vibran alto y bajo,
los que convierten el infierno en el lugar más sagrado del universo.
Porque allí donde la luz no llega,
ahí es donde empieza la gheula.


