ClaroscuroEl sombrerero con diagnóstico
El Conejo Blanco, heraldo del tribunal. Ilustración de John Tenniel.

Loff Quotes

6 de junio de 2025 · 5:21

collar

Lo que quise decir

Hablamos de un pacto silencioso sin normas ni etiquetas, un collar sencillo y una promesa de cuidar la risa y la confianza. Jugamos en el límite entre el deseo y el poder hasta que el miedo me hizo soltar la cuerda por respeto a la oscuridad.

La escribí en junio de 2025.

Letra

Diciembre olía a final de ciclo y cerveza barata.
La tele vendía catástrofes mientras yo compraba minutos en foros
que solo frecuentan los que han dejado de creer en los finales felices.
Entre mensajes sórdidos y bromas sin filtro,
apareció alguien tan fuera de sitio como yo.
Mirada aguda, verbo afilado, hambre de juego
y ese descaro que solo tienen los que ya han probado
la vergüenza y la han perdido de vista.

Todo empezó como empiezan las cosas de verdad.
Por accidente, una invitación absurda.
Un ven y prueba cruzar esta línea,
sin saber si habría vuelta atrás.
Fue una noche de cuerpos cruzados y culpas compartidas,
sexo de saldo y resaca de palabras.
Nadie gana el premio.
Pero ella, sin nombre, sin disfraz,
se quedó flotando en mi cabeza como una advertencia.
No era amor, ni siquiera fascinación;
era hambre pura,
el deseo de perder el control sin perderse uno mismo,
la curiosidad sucia de saber hasta dónde puede llegar
alguien que no se pone límites.

Pronto llegaron los mensajes,
las confesiones entre bromas,
el reto de ver quién era más capaz
de desnudarse sin quitarse la ropa.
Hablaba de entregas y sumisiones
como quien recita una receta,
y yo aprendí a fingir seguridad
mientras me formaba en foros y fracasos.
Los días se hicieron rutinas nuevas,
encuentros en casas de extra radio,
whisky sin hielo y domingos de caídas.
Ella traía lecturas de BDSM y yo manuales de supervivencia.
Jugábamos con fuego, pero el fuego tiene reglas propias.
Descubrí que el poder es frágil
y la confianza es cuerda fina;
si la tensas demasiado, se rompe.

Entre todo ese caos surgió el ritual:
nada de bodas, nada de jueces,
solo un pacto silencioso en una habitación sin testigos,
un collar sencillo, sí, de todo lo no dicho,
compromiso sin ley, complicidad de quienes saben
que lo suyo no cabe en cuentos ni en normas.
Esto no es contrato ni exhibición,
es un pacto que solo pesa en quienes lo entienden.
Te encontré por azar, pero hoy elijo no perderte.
Al poner el collar prometí no ser dictador ni fantasma,
prometí cuidar la llama y la risa,
aprender en cada error,
no olvidar la ternura en la disciplina
ni la ligereza en la responsabilidad.
Prometí que la confianza sería dogma
y que si alguna vez fallaba
sería por humanidad, no por maldad.
La respuesta fue un sí callado,
sin altivez ni ceremonia,
la aceptación de quien sabe
que entregarse es su mejor venganza.
El collar no pesaba, pero la promesa sí:
ser lo mejor de mí para quien me regala
lo peor y lo mejor de sí.

Y así seguimos, sin etiquetas ni fechas,
conviviendo con la rareza, celebrando el desvío,
jugando al límite como quien explora
un país extranjero con el mapa en llamas.
Pero el poder cansa y el deseo devora,
lo que empieza como juego puede terminar en sombra.
Me asusté de mí mismo, de la tentación de cruzar lo que ya no reconocía.
A veces, quien lleva el mando es el primero en perderse.
Solté la cuerda no por falta de afecto, sino por exceso de miedo,
por respeto a la oscuridad que puede tragarse toda la luz
si uno insiste en bajar hasta el fondo sin saber cómo salir.
El collar quedó guardado, reliquia de lo que fue posible y no eterno,
prueba de que no todos los pactos están hechos para durar,
pero sí para ser recordados.

A veces pienso en aquel tiempo con gratitud y escalofrío,
no hay arrepentimiento,
se aprende más de los límites que de las victorias fáciles.
La luz también se busca en lugares
donde uno no debería entrar dos veces.
Ojalá quien comparta ese camino
encuentre a alguien que sostenga la mirada
sin necesidad de símbolos ni tinieblas.
Por mi parte, sigo buscando otra clase de fuego,
uno que alumbre sin quemar tanto
y que, si me pierdo, me ayude a ver el camino de regreso.
Gracias.