Lo que quise decir
Consumí miles de vapers desechables, latas de energía y cápsulas de aluminio mientras gastaba medio millón de euros en mantener mi avatar digital. Así avanzo hacia el silencio dejando un rastro de pantallas rotas, cables y tuits acumulados bajo la luz azul.
La escribí en julio de 2026.
Letra
A grandes rasgos, este usuario de hábitos moderados,
este consumidor promedio con suscripción prime de la clase media,
consumió en el transcurso de su obsolescencia programada
poco menos de medio millón de vapers desechables,
cuatro mil latas de Monster Energy,
alrededor de una cuarta parte de esa cantidad en cerveza artesanal.
IPA bebió quizás 100.000 tazas de café en cápsulas de aluminio
y sumando la cuota de fibra óptica portada por sus padres
costó algo así como medio millón de euros
mantener su avatar transitando por la vida.
¿Cuántos michis fueron esterilizados y alimentados con Pienso Premium?
¿Cuántos servidores ardieron para minar su cripto
y procesar su huella de carbono?
No puede cuantificarse con certeza,
pero de todos modos
es de esta manera que un hombre viaja a través del timeline
dejando tras de sí un rastro que se alarga
de baterías de litio muertas y cables pelados,
de pantallas fracturadas, periféricos amarillentos y obsoletos o sin soporte técnico,
smartwatches y patinetes, auriculares inalámbricos y pendrives,
dada la banda ancha y la validación algorítmica si alcanzadas,
y huesos de aguacate, muchos aguacates.
Hizo las cosas habituales, por supuesto:
el scrollear, el streamear y teletrabajar,
pico C por el dinero que iba a pagar el globo,
las suscripciones, etc., que eran necesarios
si hab de seguir tecleando por el dinero, etc.
Pero principalmente posteó
mientras la chatarra electrónica se acumulaba tras él.
Los caracteres procedían constantemente de sus pulgares sobre el cristal,
gorilla glass,
mientras él avanzaba hacia el silencio
y lo derrollaba a base de notificaciones.
¿Quién puede llevar la analítica de la historia de sus tweets?
Un centro de datos apenas bastaría para su indexación masiva.
Si simplemente renderizaras todos sus emojis,
el resultado saturaría a un servidor dedicado
y la cantidad de veces que escribió literalmente «o basado, bro»
desbordaría la memoria RAM.
Avía también memes caducados,
hilos de indignación y audios de WhatsApp que empezaban:
«Te lo pongo en por uno, team cinco»,
o en fin, la hipotenusa.
Considera el guarromanticismo implícito en todo eso
y contempla al hombre caminando hacia el profundo silencio
con electroplástico halo de luz azul
procediendo constantemente de la pantalla
sobre la parte frontal de su rostro,
los datos llevados en la red 5G
que su espíritu compilando la historia innumerable
de su código fuente no ejecutado
que hace del mundo hasta el mismérrimo núcleo del core
su manzana de Apple
y obliga a consumir.


