ClaroscuroEl sombrerero con diagnóstico
El Conejo Blanco, heraldo del tribunal. Ilustración de John Tenniel.

Loff Quotes

28 de enero de 2026 · 7:15

Ríos de vidrio

Lo que quise decir

Recorro pasillos y escaleras en un sueño continuo donde la memoria y los espacios se mezclan sin orden. Entre sombras y reflejos, la mente busca una salida hacia la luz de los tejados.

La escribí en enero de 2026.

Letra

Juego a esconder, cuando empieza, cuando termina, no lo sabemos.
Quizá era de día, pero dentro o fuera es poco diverso.
Dentro, sobre tramas de pasillos, de corredores, de escaleras.
Fuera, entre los vapores del día sumergido y retales de luna.

Una medida flexible y fuerte, veloz y cauta, nos ha tomado.
Nos lleva arriba por las rampas de los escalones, vía sin peso, por pasadizos al vuelo.
Y fuera son las gavillas, el pajar eleno que respira denso,
el aire inmóvil que tienta desde los arriates, verbena, odatura.

Y giran, vuelven los senderos,
Sobre fondos de tiempo suspendidos,
entre sueño y memoria, oscilar elástico entre dos platillos de balanza,
uno hacia las raíces de la oscuridad, los sótanos,
el otro en alto, en alto, tras la ventana que da a los tejados,
donde sientes cercanas de noche a las estrellas mirando,
un trepital, y de día se extiende en planos rayados de calles, puentes, fortalezas, ríos de vidrio.

Si nosotros somos figuras de espejo que un soplo conduce sin espesor ni sonido
Entonces el mundo alrededor no está quieto sino que es pared pintada que corre
juego enga Equ de sombras y destellos formas que llaman y niegan un sentido
Similar a la pantalla interna, al torbellino que nos toma si cerramos los ojos,
perenne vorticar en fragmentos, veloces reflejos, vislumbres de vida o de sueño.

Y nosotros transcurrimos inertes despojos de instante en instante, de ola en ola.
sin que nos detenga el día que sube o la luz que cuadra las cosas.

Pero el juego es nada en sí, solo que nos hace vigilar el segundo
y hace que vibren las fibras los diafragmas ocultos.
Fábulas de taquicardia en los bosques, de persecuciones, de aduanas eludidas.
Corremos a los márgenes de elipses móviles, de espirales aéreas ante peligros que la oscuridad configura.

Y la casa vive de un respiro diverso
No sabíamos de tantas curvaturas
Donde se abre para proteger
Oscura murmura, pende inmenso giroscopio
Palpita de orientaciones ignoradas, se concentra, se enreda
Luego de improviso se distiende en planos vacilantes
En galerías que huyen, tejados muertos
Donde el viento quedó escondido
Y extrae débiles alientos de las graves vigas
escalera de caracol que subes, subes y expiras,
como un silbido en exiguos giros de corrientes de aire,
y ahora buscando un punto donde el espacio se oílle que sea solo nosotros,
pero un grito rompe el círculo, el espacio se precipita e invade de nuevo
rostros ficticios de cart o tejido en los escondites
zantoches a condici de oscuridad caen rosados se aflojan en pliegues de cortinas sin hueso ni contorno
Huecos trasteros ambientes ocultos entre bastidores
donde la monoman de espejos en sombra acogió los sedimentos de épocas muertas,
adornos de galas espectrales o de lutos perecederos que un hilo de araña aún sostiene.

Sospecho que la luna lejana pone lentos capullos de algodón,
muda pantomima que hace surgir de las paredes las figuras,
las túnicas de ceniza, las vanas panoplias,
bisabuelas impensadas de escalas de años, bajan sin pasos ahora sus murros.

Ahora es el turno de las habitaciones, de los lugares que no existen,
aquellos que surgen por instantes de sesgo y están siempre donde se ha dejado de mirar,
la escalera no cesa y arriba en el descansillo se abre en el muro la puerta de otro apartamento.
Oh, la escasa luz de los postigos entornados,
el respiro de tinta disecada, el polvo de los libros.

Y el juego se prolonga, y el juego no tiene fin,
al escondite sigue súbito descubrimiento.
Burbujas de aire emergemos por las albas polares de la clara boya,
deslizan el interior impenetrable y salas atravesadas relucientes de mármoles pendientes de cristales o de sibilas absortas en los mantos de los portales,
giran como barcazas sobre el perno de la sombra.

Alargados desmesuradamente, bajo un sofá surgimos sin texigua,
no vistos sentimos como los muertos o como la hoja grande triangular que asoma desde los pelos del aire
convergentes ojos de vac boca de un tajo que gira suspendida un momento gira mira y desaparece
y el paso es cada vez m veloz todo uno con las paredes con el respiro polvoriento de las alfombras
corre la inasible farándula el torbellino vano que no tiene centro
y aquello que era grito de juego ahora es terror de minuto en minutos
espera que del mudo bostezo del armario entreabierto se alza el arco del negro contrabajo.

Más en él, en esta fuga del mundo ilusorio, que eludir quiere el espacio en alto.
En alto se ha disuelto un nudo de límpidos astros que tenía oculto el nubarrón,
y resplandece y oscila.
Una dulce lámpara de reposo arde todavía para nosotros en el promontorio,
arde todavía para nosotros en el promontorio.