Lo que quise decir
Describo la calma de vivir a solas, con la casa limpia y la gata durmiendo, después de años de escapar del dolor con pastillas y encierros. Ya no espero a nadie, pero tengo la puerta abierta.
La escribí en mayo de 2025.
Letra
No hay whisky en la mesa, ni miedo en la boca,
hay luz entrando y una gata bostezando.
Estoy solo, pero dios.
Antes bebía solo, no por fiesta, por pena,
por odio, por cansancio de fingir que no dolía.
Me metí a cosas que ni recuerdo
y no por placer, por silencio.
Porque callaba más el corazón que el puto clonacepam.
No salía de casa porque ahí dentro podía destruirme sin testigo.
Era cobarde pero constante y eso me dejó roto
en sitios donde nadie te busca.
Ahora vivo en paz, no es una metáfora, es literal, silencio real.
Paredes limpias, pies descalzos, gata dormida dormida,
trabajo desde casa y nadie sabe cuánta guerra he enterrado
para que este clado suene sin que tiemble mi mano.
Solo pero dios,
sin la copa, sin la cruz,
con un salmo abierto el de aunque ande en vallos puros,
pero ya sin prisa ni tumba en el surco.
Solo pero acuerdo sin esconderme del fuego,
ya no mato al dolor, lo siento y luego lo...
Estoy solo pero el alma ya no tiembla
y eso hermano vale más que cualquier respuesta.
No fue por fuerza, fue por fe, no de templo,
de guerra a fe, de la que tiene el que se arrastra por el pasillo a las tres
con los ojos vac... y el h... como un recuerdo.
La gata me ha visto llorar, no pregunta nada,
solo se queda más que muchas personas.
Y ahí entendí que si una criatura tan libre elige dormir conmigo,
quizás ya no doy miedo, quizás ya soy casa.
El buzón está vacío pero no mi aliento,
no necesito visitas si el aire que respiro ya no huele a encierro.
Solo pero dios,
sin la copa, sin la cruz,
con un salmo abierto de aunque ande en valle oscuro
pero ya sin prisa ni tumba en el surco.
Solo pero cuerdo sin esconderme del fuego,
ya no mato al dolor, lo siento, y luego lo suelto.
Estoy solo, pero el alma ya no tiembla
y eso hermano, vale más que cualquier respuesta.
He perdido más de lo que admito,
he sobrevivido a lo que no cuento
y aún así, me hago el desayuno
y no lloro al poner la cafetera.
Eso hermano...
Es paz.
No espero a nadie, pero si alguien vuelve, que no toque el timbre.
La puerta está abierta, porque yo ya no me escondo.


